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La decadencia de la caza como concepto

La decadencia de la caza como concepto. (1).

Cuando se habla de “actividad cinegética” muy pocas veces nos imaginamos que es una de las actividades mas antiguas, y que, quizá gracias a ella o al ingenio desarrollado para llevarla a cabo, se han producido avances importantes en la evolución de la humanidad. Esta actividad ha supuesto el impulso necesario en todo tipo de estrategias, conquistas, o incluso se ha utilizado como laboratorio o campo de entrenamiento que han permitido la evolución de las armas y de los medios de captura.
Pero, a pesar de todos los avances tecnológicos, e incluso ideológicos, de la modernización de los instrumentos de captura, hoy día mucho mas eficaces y efectivos, de los complementos y accesorios utilizados por el cazador, del acercamiento a los cazaderos, de las prisas, de la multitud de servicios dedicados al cazador, e incluso algunos en exclusiva (orgánicas, realas, guardería, etc.), se ha avanzado muy poco en la gestión cinegética considerada como un recurso natural renovable.
En general se han devaluado o minusvalorado los conocimientos científicos acerca de la biología de las especies, su ecología, o incluso sobre dinámica de población o de posibilidades extractivas, despreciando los modelos de explotación de recursos naturales que no supongan pegar muchos tiros y asegurar el abatimiento de muchos animales.
Desgraciadamente se ha optado por una caza de bote en el sentido laxo de la palabra, asegurando un cupo de ejemplares con el mínimo esfuerzo, obviando la esencia de la caza basada en los conceptos de “dificultad” e “inseguridad” según Ortega y Gasset en el prólogo de “20 Años de Caza Mayor del Conde de Yebes”.

El futuro de la caza. 1ª Parte

En determinados círculos existe la preocupación sobre el futuro de la caza, pues consideran que tiene muchos elementos en contra, aunque la mayor parte se centra en opiniones de personas que no conocen el mundo de la caza, no saben las relaciones ecológicas y medioambientales que sustenta dicha actividad, e incluso lo consideran una actividad perjudicial para la naturaleza o retrograda desde el punto de vista social, añadiendo el calificativo de sin futuro, pero sin dar las razones básicas para realizar tales afirmaciones.

El futuro de la caza 1ª Parte.

Creo que el futuro de la caza depende de nosotros, de la actitud que tomemos hacia esta actividad y sobretodo de la consideración de la misma como un recurso natural renovable. La actividad cinegética tiene muchas derivadas y muchas clasificaciones, muchas formas de entenderla, de sentirla y practicarla, pero en todas existen tres elementos que se pueden considerar la base de la misma, como son los “cazadores”, las “especies” de caza y el “hábitat” de las especies de caza.
En esta primera nota vamos a hablar del futuro de los cazadores y sus repercusiones en el mundo de la caza, como uno de los pilares en los que se sustenta la actividad (Cazadores, especies y hábitat), y que si falta uno de ellos, se pierde la actividad cinegética tal como la entendemos de forma drástica.
Por ello, cuando en charlas o en jornadas se aborda el futuro de la caza, pocas veces se adentra en el fondo de la situación, achacando el mismo a lo mal vista que esta la actividad cinegética entre diferentes sectores sociales, al sentimentalismo, o al ecologismo mal entendido.
Si bien parte de esto es verdad, la verdadera razón de que los cazadores como una de las patas fundamentales de la actividad cinegética hayan entrado en retroceso se debe a los cambios sociales que se han dado en los últimos años, el abandono del campo, la urbanización de parte de la sociedad, o a la distribución de los habitantes en núcleos poblacionales cada vez mas urbanizados.
Los cazadores están cambiando, está cambiando su perfil y está cambiando el número de practicantes, de tal forma que cada vez hay menos personas que participan en la actividad de la caza en todos sus ámbitos.
Por ejemplo, en Andalucía número de cazadores ha disminuido en esta última década de forma pausada pero inexorable pasando de mas de 300.000 licencias en 2004, a menos de 225.000 licencias en 2014, hecho que no se debe a una sola causa sino a un conjunto de circunstancias. Igualmente la edad media del cazador ha subido mas de 15 años en este tiempo, lo que supone que las generaciones venideras necesitan mas impulso y mas motivaciones para engancharse con la actividad cinegética.
El ciudadano cada vez mas urbano y desligado de las actividades rurales, donde el aprendizaje de la mano de nuestros padres y abuelos que nos ilusionaba con la práctica de la caza y de la pesca se ha perdido. Se ha descontextualizado nuestra relación con la naturaleza, ya no se si tiene sentido el aprender a leer el campo, el buscar respuestas a diferentes fenómenos naturales como la forma del vuelo de los pájaros, el humo, la humedad, las huellas, los olores, el echar el viento, el careo, los pasos, los trucos para detectar los instintos animales, los pequeños retos, el manejo y control de las frustraciones o de las obsesiones, toda una parte de la enseñanza de la vida, una larga carrera en la que nunca terminas de aprender, donde el tesón es una de las principales herramientas y donde cada respuesta viene acompañada de mas preguntas.
Esta forma de entrar en el mundo cinegético ha cambiado y aunque normalmente es de la mano de un familiar o de un grupo de amigos, se le dedica menos tiempo y son mayores las dificultades y los costes, hay que desplazarse, y existen una serie de requisitos (licencias, permisos, etc.) que se dan en un ambiente contracorriente, donde el estrés y las prisas dominan el tiempo actual.
Hoy día, además de vivir la mayor parte de la población en un ambiente urbano, existen una serie de tendencias en contra de la caza, de tal forma que si no tienes convicciones es difícil superar dichas tendencias. La inclusión de un sentimentalismo sensiblero en el ambiente y su dominancia en los medios de comunicación hace que el atractivo de la naturaleza cambie por el atractivo de lo humanizado, convirtiendo lo mas parecido a la naturaleza a las plantas de las macetas y las mascotas. Continuara…

La naturaleza intervenida II

Cuando la Naturaleza está intervenida. (2ª Parte)

En el mundo de la caza, aunque en apariencia se realiza en el campo y en teoría es una de las actividades mas imbricadas con el medio natural que se dan en nuestros campos, desde que se ha popularizado y se ha convertido en una actividad económica, ha estado sometida a intervenciones con diferentes intensidades.
Esto es así, porque el medio natural no soporta una explotación tan intensa de un recurso como puede ser la caza mayor, o incluso muchas modalidades de caza menor. Pero en esta parte vamos a centrarnos en la caza mayor ya que es el fenómeno más patente, mas fácil de comprender y que tiene una posible solución.
Las intervenciones más repetidas en la actualidad o en tiempos muy recientes (hasta hace menos de 40 años) son implacables:
• La caza a la carta, cazando solo machos, y dejando las hembras para procrear, hecho necesario en los años 40 del siglo pasado, cuando casi desaparecen todas las especies de caza mayor, y se prohibió la caza de hembras. Esta actividad todavía se mantiene en el consciente colectivo del mundo de la caza cuando se mezcla con un sentimentalismo irracional.
• Aumento de la densidad por encima de la capacidad del medio. Ningún pastor sobrepasa el número de ovejas que puede mantener, aunque sea una explotación extensiva, sin embargo en el mundo de la caza parece que no importa sobrepasar el número de ejemplares en un acotado, la responsabilidad se diluye, y se justifica con asegurar x ejemplares en las diferentes modalidades de caza.
• Eliminación de predadores. Hasta el año 1974 se realizada de forma legal e incluso subvencionada por las Juntas Locales de Exterminación de animales dañinos. Veneno, lazos, cepos, y demás artilugios eran habituales en el campo y fomentados por la administración.
• Alimentación suplementaria, en épocas de carestía, ajustando la carga a los periodos de máxima producción, cuando en un clima mediterráneo como el de nuestra región debería de ser ajustada a los periodos de mínima producción (que coincide con el verano).
• Introducción de ejemplares seleccionados o de otras zonas o incluso de otros taxones, con la intención de mejorar la sangre. Cuando en España por ejemplo la mayoría de los venados proviene de muy pocos núcleos.
• La introducción de nuevas especies. En los últimos 60 años se han introducido especies como el muflón, o el arruí para su aprovechamiento cinegético en zonas muy características de nuestro territorio.
• Comercialización especulativa de la caza organizando cacerías que comprometen resultados asombrosos, de dos o tres cabezas por puesto, lo que supone más de 100 ejemplares por actuación, para lo que es necesario mantener una densidad de 100 ej/Km2. Cuando en diferentes países europeos se trabaja con densidades inferiores a 8 ej/Km2.
• Entre otros….
Las densidades de caza mayor que se dan en muchos de nuestros acotados superan con creces la capacidad de carga del medio, lo que implica un consumo excesivo de la cubierta vegetal, llegando incluso a deteriorar este medio de forma irreversible. Este deterioro es lento pero implacable y supone no solo la pérdida de recursos o el desequilibrio que se produce en el medio natural, sino que implica un deterioro de nuestro monte, perdiendo especies o taxones que se engloban en el monte de cabecera, se pierde suelo por deforestación y erosión, se pierden especies protegidas por consumo vegetal, se pierde paisaje, en definitiva la parte mas importante de nuestro monte se está deteriorando.