La respuesta de George Schaller a la pregunta ¿Por qué debemos salvar a la saiga? es una de las mas interesantes que he encontrado, haciendo referencia a las grandes migraciones de ungulados que se dan en el continente asiático.
“Las grandes migraciones son un espectáculo natural, que por su belleza llegan a tocar el corazón del espectador, ya sea hablando de los caribús, la saiga o el millón de gacelas que se desplazan por Mongolia. Si se quiere proteger, es necesario considerar todos los hábitats que utilizan en sus migraciones y al mismo tiempo las miles de especies de animales que podemos encontrar en ellos. Así, solo si Kazajstán y los demás países se lo toman en serio, serán capaces de proteger la saiga y proteger su propio futuro.”
The dying may be over but the accounting has just begun. More than a hundred thousand antelope have perished in one area in just a few weeks and scientists are left with no idea — yet — of what caused it or why it has extinguished itself. That’s the strange and deadly mystery playing out right now in Kazakhstan among the herds of a critically endangered kind of antelope called the saiga.
Aunque estamos en el siglo XXI cuando todo nos parece más fácil y accesible, hace poco mas de 100 años se llevo a cabo una expedición de caza para descubrir la cabra montes en Cazorla. Hasta aquellos momentos no se tenía constancia oficial de que hubiera una población de cabras en Cazorla, aunque los paisanos y gente de la zona si la conocía y así lo hicieron saber. El interés sobre las cabras de Cazorla lo suscito el señor Medardo Laínez, vecino del municipio al ver cómo, tras una cacería del Rey Alfonso XIII en Gredos en 1911, se comentaba en la prensa nacional de que solo quedaban cabras monteses en Gredos. Esta expedición se realizo de la forma tradicional con la que se acometían estas tareas, como se organizan las expediciones de caza en los lugares más recónditos, con mulos, porteadores, ojeadores y avituallamiento típico. Lo que caracterizó esta expedición fue su carácter casi aventurero; entonces la sierra era casi inaccesible, sin los accesos que hoy conocemos, solo algunos senderos o caminos de herradura.