Balsetes del monte de samper

El tiempo pasa muy deprisa, y muchas de nuestras actividades cotidianas se olvidan muy pronto. Sin embargo, elementos imprescindibles en el devenir de nuestra cultura, no debemos dejarlos caer en el olvido.

Las balsas, balsetes, pozos, etc han sido elementos que permitieron la expansión de la agricultura y la ganadería en el monte, donde además de refugio proporcionado por los «Mases», el agua era necesaria para beber las personas, las caballerías y el ganado. Para conseguir la disponibilidad de agua se recurrio a la busqueda de lugares que pudieran recoger agua, almacenarla y conservarla. Se construyeron mas de 60 balsetes de diferentes formas geométricas (redondas, cuadradas, rectangulares, etc) todas con un fondo arcilloso impermeable, mas o menos profundas y muchas con las paredes cubiertas de piedras de sillería. Siendo elementos importantes asociados a los balsetes las «Güeras», construidas y conservadas para recoger el agua de lluvia, la pila para dar de beber a las caballerias, o las escleras para alcanzar el agua.

Estos elementos, que tan importantes han sido en la cultura de un pueblo ganadero y agrícola, no se deben olvidar, al contrario, deben recuperarse como simbolos vivos de lo que se puede hacer para sobrevivir en un ambiente estepario donde la carestía de agua es una realidad. Y apostaría no solo por su recuperación, sino por enmarcarlos en una exposición-museo donde se exaltara el conjunto «mas, balsete, güera» que tanto significó en nuestro pueblo no hace mas de 50 años.

CAMPOS DE LAVANDA

Una maravilla el paseo vesperino por los campos de lavanda en Brihuega (Guadalajara). Una vez entrado el verano y con la floración en todo su explendor, merece la pena darse un paseo en medio de los campos de lavanda, donde el aroma, el color, el zumbido de los insectos, el contraste del pasisaje te impregna y te traslada a un estado catartico despejando todos los sentidos que en la vida cotidiana estan dormidos.

Alimentación suplementaria II

2ª Entrada

En general, la capacidad de carga de una población determinada en un ecosistema determinado se mide en los momentos mas críticos, que en un ambiente mediterráneo coincide con el periodo estival, o después de unas grandes nevadas, cuando la producción de biomasa disponible casi desaparece.

Las poblaciones naturales tienen posibilidades de solventar el problema del estío o del invierno, reduciendo la población o la natalidad, acumulando las reservas necesarias o pueden recurrir otros procesos como la migración, ya sea latitudinal o altitudinal.

Para comprender las actuaciones que muchos gestores de recursos cinegéticos realizan o las decisiones que toman, es necesario remontarse en el tiempo y conocer como ha evolucionado la caza como concepto, como recurso e incluso como actividad en los últimos años.

Durante muchos siglos la caza en la mayoria de las fincas ha sido una actividad económica poco valorada. Históricamente la caza mayor era un recurso real que este concedía a los nobles. En edad media se comienza a entender la caza como “regalías” que concede la Corona y por concesión real o en su nombre. El noble o señor del lugar, como soberano local se reserva el uso de la caza en los bosques.

Antes de los años 60 del siglo pasado, las densidades de ungulados eran muy bajas en la mayor parte del territorio. La economía de la caza mayor era residual, pues lo mas importante eran las relaciones sociales que se daban en los eventos cinegéticos, con partidas de varios días y con captura de muy pocas reses, prolongando la historia de relacionar la caza mayor con la clase social alta, incluso en las épocas de la ilustración española a finales del siglo XVIII, cuando se consideraba que la caza alejaba o distraía a los trabajadores de las actividades productivas.

Toda transformación comienza con la promulgación de las Leyes de Caza, pero se produce de forma definitiva a partir de la Ley de caza de 1970, en la que se regulan los acotados, se instauran los Planes Técnicos de Caza y comienzan a generalizarse diferentes tipos de cacerías y en concreto la caza de trofeos.

Las últimas décadas del siglo XX, el valor de los trofeos se incrementa exponencialmente de forma artificial, aunque estos valores nunca se acercan al coste de producción de dichos trofeos. No se realizan análisis de producción, se realizan estimas de comercialización y de todos los costes alrededor de la misma. Se accede al mundo de la caza mayor de forma masiva por puro mercantilismo asegurando un número de ejemplares en cada lance, sin un poso del concepto de caza de esfuerzo e incertidumbre como lo define Ortega y Gasset en el prologo de “20 años de caza mayor” del Conde de Yebes.

Al generalizarse la caza mayor, se necesita una producción de trofeos de forma rápida y constante, por lo que los cotos comienzan a querer aumentar el número de trofeos y el de ejemplares que se puedan cazar. Para ello, la forma mas fácil es recurrir a labores propias de la ganadería, como la construcción de vallas perimetrales, la alimentación artificial y la translocación de ejemplares.

En este primer caso vamos a analizar la alimentación artificial que se ha justificado de muchas formas, desde el apoyo a la población de herbívoros en momentos críticos como el verano o fuertes nevadas, hasta para proporcionar medicamentos (pienso medicado), o piensos tratados para alcanzar buenos trofeos, o incluso el manejo de la actividad cinegética propia para mover a los animales.

Los tipos de alimentación artificial se pueden clasificar de diferentes formas, por ejemplo, el momento que se proporciona dicho alimento, durante fuertes nevadas, en el verano, solo los días antes de la cacería o a lo largo de todo el año. Se puede clasificar por el lugar donde se deposita el alimento, ya sea en puntos concretos en el suelo o en comederos, distribuido a lo largo de los caminos, o en zonas amplias. También se puede diferenciar por el tipo de alimento que se como puede ser sales minerales, forraje, pienso, pienso tratado o medicado, excedentes agrícolas, o siembras “ad hoc”.

En el siguiente capítulo se van a desgranar las consecuencias económicas y ambientales de esta actividad, que pueden ser positivas o negativas.

Página de personal Paulino Fandos